¿QUIÈN MATÓ A BERTA CÁCERES?

Juan Diego Castro León
@castroyleon

No todos los días el mundo llora la muerte de una defensora del medio ambiente. Pero todos los días, en algún lugar del mundo, uno es asesinado.

Conocí a Berta Cáceres en 2010 en Honduras. En ese entonces me recomendaron que si quería conocer la verdadera resistencia social en Honduras, tenía que conocer a Berta y al Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras – COPINH.

Berta nos recogió en su camioneta. Recorría el territorio que abarcaba el COPINH sola, pero en ese momento lo hacía con una pistola en su cintura; no porque tuviera miedo de las amenazas de las cuales era objeto diariamente, pero porque temía por la seguridad de mis compañeros de viaje y la mía. Berta era una de las personas más amenazadas de Honduras por su labor como lideresa del COPINH, organización que lucha en contra de los mega proyectos energéticos que amenazan con invadir y destruir el territorio ancestral del pueblo Lenca, al igual que la vida de miles de campesinos.

La situación para los miembros de las organizaciones sociales de defensa de los derechos humanos, del medio ambiente y sindicales, se deterioró tras el golpe de Estado de 2009 en contra del presidente Manuel Zelaya, perpetrado por militares en coordinación con los sectores más poderosos del empresariado local y extranjero.


(Vídeo de protestas al día siguiente del Golpe militar en 2009)

Por cuenta del golpe militar, Honduras se convirtió en uno de los países más peligrosos para ser activista, compitiendo por desplazar a Colombia de ese trágico ranking. Tras el golpe se reportaron más de 300 asesinatos extrajudiciales de civiles por parte del Estado, al igual que 34 desapariciones y asesinatos de miembros del movimiento políticos de oposición, y 13 asesinatos de periodistas según el Comité para la Protección de Periodistas.

También se presentaron más de 100 asesinatos selectivos de activistas campesinos que luchaban por la defensa de sus territorios en contra los mega proyectos que entraron en furor desde que el gobierno de Porfirio Lobo – que remplazo a la dictadura pro tempore – impulsó la campaña de relaciones públicas, Honduras Open for Business. Esta campaña reunió a inversionistas de 55 países para invertir en industrias como la minería, el turismo, represas, maquilas, y en el proyecto neoliberal más escandaloso de las últimas décadas, las llamadas Ciudades Modelo. Este último, descrito como un “sueño húmedo” para neoliberales. En este prototipo de “Ciudad Zona Franca” las leyes laborales, tributarias, judiciales o cualquier tipo ley de soberanía, no aplicarían, y hasta los inversionistas se podrían mudar y vivir dentro de ellas, solo para ser protegidos por firmas de seguridad privadas contra amenazas indeseadas (como los habitantes del país donde se instalan). Esta reunión contó con la presencia de líderes con poca fibra moral como, Carlos Slim, Álvaro Uribe y Paul Romer, el arquitecto de las Ciudades Modelo.

Con una de las cifras de homicidio per cápita más altas del mundo, Honduras no solo abrió sus puertas a inversionistas extranjeros, pero también a los carteles Mexicanos que operan impunemente por todo el país y los cuales controlan a las Maras (pandillas Centro Americanas). Esto se convirtió en la justificación perfecta para que Estados Unidos reforzara su apoyo militar, lo cual impulsó desgracias como la masacre de Mosquitia, donde campesinos, tildados de narcotraficantes fueron acribillados desde un helicóptero Black Hawk manejado por militares hondureños, bajo la directriz de agentes de la DEA.
La situación solo se agrava cuando las Naciones Unidas reportó la presencia de Paramilitares Colombianos contratados para proteger fincas, y plantaciones de palma africana de las familias más ricas de Honduras.

Desde los años 80, cuando Honduras lideraba la guerra sucia contra las insurgencias Centro Americanas – bajo el mando del ex asesor de la Casa Blanca, Roger Noriega – no se veía el nivel de represión y violación sistemática de los derechos humanos como se ve hoy día. Esta situación solo se intensifica por cuenta de la presencia de multinacionales extractivitas, el narcotráfico y la ayuda militar de EEUU.

Berta Cáceres se convirtió en una piedra en los zapatos para las multinacionales nacionales y extranjeras que promovieron el golpe de Estado. Y ante la vista gorda de los medios masivos de comunicación y gobiernos de la región, sobre las amenazas en contra de los movimientos sociales en Honduras, hoy lloramos la muerte de esta defensora de la vida.

No todos los días el mundo llora la muerte de una defensora del medio ambiente. Pero todos los días, en algún lugar del mundo donde multinacionales y gobiernos tengan intereses de extractivismo, los asesinados.

Si me preguntan quién mato a Berta Cáceres, les diría; la lógica del neoliberalismo la asesinó.

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